viernes, 8 de marzo de 2019

In memoriam


Hoy comiendo me han preguntado qué tal por el cole. Yo les he contado lo que hemos hablado en clase: que existía un techo de cristal, y claro, se chocaban con él y se hacían una brecha en el salario. Y eso horrible de la violencia muchista. Entonces se han mirado y se han echado a reír. Me han dicho que tengo que conocer la historia para que no se repita más. Luego han estado viendo viejos reportajes en los implantes de sus retinas. He notado que me miraban de cuando en cuando con alivio, pero también un poquito tristes.
Foto: Ángeles Lucas. Tarapoto, Perú. https://flic.kr/s/aHsjECCCXf

lunes, 4 de marzo de 2019

Avaricia

Esas alas de plástico servían para volar. Aquellas otras, de oro macizo, jamás levantarían el vuelo. Cuando el genio les concedió llevarse un objeto, ni el príncipe ni el mendigo dudaron. El primero había leído todos los cuentos, bellamente encuadernados, en su biblioteca. Escogió las alas de plástico, porque no iba a caer en la trampa de mostrar avaricia. El mendigo, que no había tenido más escuela que la calle, se quedó con las de oro.


Con lo que sacó por las alas, el mendigo le construyó un palacio a su madre. Desde allí podía escucharse cada tarde el moscardoneo del príncipe, sobrevolándolo una y otra vez.

viernes, 1 de marzo de 2019

Échale la culpa a Mame

Johnny y Gilda, años después, abrieron un restaurante en España. Ella se ocupa de la cocina, él de las mesas. El hilo musical solo ofrece reguetón, por expreso deseo de Johnny. Pero en una mesa acaba de sonar un móvil. El cliente, un nostálgico, tiene como tono de llamada “Put the blame on Mame”. Desde la cocina, movida por los resortes del recuerdo, Gilda se remanga los guantes de fregar y libera la cascada pelirroja de la redecilla del pelo. Johnny, que ha aprendido a controlarse, le pide amablemente el móvil al cliente y, sonriendo, lo sumerge en la pecera. 


lunes, 25 de febrero de 2019

Malas prácticas

Mientras contemplaba cómo llevaban al cadalso al último candidato, se preguntaba si este daría la talla. Todos los anteriores habían acabado lloriqueando, suplicando incluso. Hubo hasta quien se arrepintió llegado el momento. Y eso que en la entrevista previa se comían el mundo. Pero luego pinchaban con la práctica.


Este no. Este mantuvo el tipo. Apretó la soga con la presión justa sobre el cuello del espía y no se inmutó cuando cayó el cuerpo. Sin embargo, un momento antes, cuando el condenado había expresado su última petición, no acertó a cumplir su voluntad. Tendría un B2 en el currículum, pero el inglés no lo entendía. Una lástima.

viernes, 22 de febrero de 2019

El reglamento


Es muy sencillo, ¿por qué no quieren entenderlo? Se empeñan en manifestarse. Protestan. No quieren embarcarse en lanchas de juguete. Nuestra policía está instalando púas afiladas para evitar que salten a este lado, en busca de nuestro bienestar, nuestra riqueza. La blancura asustada de sus cuerpos se acumula contra la valla. Ellos inventaron el fair play. Es el momento de que lo demuestren, ahora que les toca a ellos. A estas alturas del partido, solo estamos aplicando las reglas: cambio de campo.

lunes, 18 de febrero de 2019

Ley sálica

Los padres de Tomás insistían en recuperar al estúpido de su hijo. Rosaura no estaba tan convencida, y protestaba:


–No es culpa mía que sea tan crédulo, papá. Demasiada consanguinidad quizás.
–Rosaura, tu hermano es el heredero: aprende a respetarlo.


El dragón finalmente consintió en canjear a Tomás por tres doncellas, auténticas esta vez. Pero ya no quería a Rosaura, tan rebelde.


De vuelta a casa, con la peluca y el vestido rosa bajo el brazo, Tomás le reprochaba a su hermana la promesa incumplida: el dragón no le había enseñado a escupir fuego. Rosaura vio la ocasión:


–Para eso tienes que ir tú solo a desafiarlo con la armadura de papá.

viernes, 15 de febrero de 2019

Delfos


Había cambiado la forma de mostrarse. Ya no usaba el viento entre las hojas, ni extraños dibujos en el fuego. Ahora se manifestaba con imágenes coloridas, con melodías sutiles, o con leves vibraciones. Nosotras lo habíamos esperado durante generaciones. Y aquel extranjero lo traía en su bolsillo trasero, descuidadamente, como un rico que no ha pasado estrecheces ignora su suerte. No nos importó su aspecto metálico y frío, la literalidad infantil de sus respuestas, sin la ambigüedad misteriosa de otros tiempos. Reconocimos en aquel rectángulo que cabía en la palma de la mano al oráculo que todos creían perdido para siempre. Porque nosotras sabíamos que volvería.
Microrrelatos escrito para el concurso ENTCerrados

Errare humanum est

 Como no tenéis corazón, no os importa que yo haya entregado mis mejores años al proyecto Munchausen. Vuestros androides me reclutaron en la...