viernes, 1 de marzo de 2019
Échale la culpa a Mame
Johnny y Gilda, años después, abrieron un restaurante en España. Ella se ocupa de la cocina, él de las mesas. El hilo musical solo ofrece reguetón, por expreso deseo de Johnny. Pero en una mesa acaba de sonar un móvil. El cliente, un nostálgico, tiene como tono de llamada “Put the blame on Mame”. Desde la cocina, movida por los resortes del recuerdo, Gilda se remanga los guantes de fregar y libera la cascada pelirroja de la redecilla del pelo. Johnny, que ha aprendido a controlarse, le pide amablemente el móvil al cliente y, sonriendo, lo sumerge en la pecera.
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