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martes, 22 de octubre de 2019

Muy fan

Orgulloso como estaba de su retoño, inundaba las redes y los teléfonos de los amigos con peticiones de voto para todo tipo de concursos en línea. Para el de niños talentosos haciendo posturas en la página de la Asociación Infantil de Culturistas. Para el de la mejor bufanda de croché del día del padre. Para el certamen “Dibuja tu ensalada” de una cadena de hamburgueserías que luchaba por redimirse. Solo tenéis que pinchar en el enlace. Votad si os gusta, pero ya os digo que os va a encantar, decía. Cuando al niño, finalmente, le dio por ponerse del tamaño de un armario empotrado, él logró colocarlo en el partido. Aunque cada vez que se celebraban primarias todos huían del papá como de la peste. Porque por más que se lo argumentaban, no entendía que no se pudiera votar al niño solo por ser el guardaespaldas del presidente.

De alguna manera, se supone que debo insistir a mis lectores para que voten en el concurso mensual de La Ventana. Me juego con otros dos compañeros, estupendos microrrelatistas, pasar a la final anual. Aquí está el enlace para votar: http://bit.ly/TRTVotaSemana5
En todo caso, leed los tres y decidid cuál os gusta más, que es lo suyo.

Y como disculpa por esta intrusión en plena época preelectoral, os he dejado este otro microrrelato de arriba, escrito ad hoc.

lunes, 11 de marzo de 2019

Manualidades


Un corazón de lana y acero comenzó a latir rítmicamente sobre el pupitre. El acusica de su compañero se chivó a la seño del extraño muñeco que había fabricado aquel niño gigantón, que se quedó admirando su obra sin entender tanto revuelo. A su alrededor ceniceros, portafotos y collages parecían ahora tan ridículos como faltos de vida. La profesora se prometió no organizar nunca más ningún regalo para el día del padre. Luego, en el despacho del director, sin apartar la mirada severa de aquel niño deforme y feliz que acariciaba su creación, marcó el teléfono del padre. Descolgaron al otro lado: “¿Con el doctor Frankenstein, por favor?”

lunes, 11 de febrero de 2019

Amor fou


Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás, evidentemente. Porque él no era Dios, sino el científico que había ideado el arcón criogénico de clonación avanzada, que ahora mostraba sus frutos: ocho réplicas exactas de Tomás. Ahora solo quedaba educarlos condicionando sus respuestas emocionales. Seguro que alguno le daría por fin a su hija el ansiado sí. Quizás la estaba malcriando, cediendo demasiado a sus caprichos. Así que se prometió que era la última vez. Sobre todo mientras fuera necesario sacrificar la muestra para conseguir las copias. Si con esto no se volvía más razonable, tendría que cultivar otra para sustituirla.

Errare humanum est

 Como no tenéis corazón, no os importa que yo haya entregado mis mejores años al proyecto Munchausen. Vuestros androides me reclutaron en la...