“Yo no la he escrito”, bramó la zarza ardiente, mucho más encendida que de costumbre. Moisés, perplejo, leía y releía los mandamientos de aquella tabla, que tanto le habían gustado al pueblo: “perseguirás al diferente, culparás al forastero, explotarás al prójimo, amarás al oro como a ti mismo”.
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La hora cero
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Vaya con la zarza y qué buena puesta Tomás!!
ResponderEliminarBesicos muchos.
Un texto para reflexionar. Muy bueno, como siempre. Besos.
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