Con la súbita embestida del caballero, aquel molino pudo al fin desahogarse:
—¿Veis cómo nos ataca? ¿Veis que nos llama gigantes? ¿Quién es el loco ahora?
Nadie, salvo el universo, le hubiera dado la menor trascendencia a la respuesta de ella: —Queda cerca, pero es complicado; mejor te acompa...
¡Qué me gustó este micro!
ResponderEliminarGracias, Elisa. Sigues derrochando generosidad conmigo.
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